
A principios del siglo XX en el “Café España” de Lobera, además de toda la actividad propia de un café, bar y baile también se jugaba con dinero, actividad mal vista por la moral de la época.
En 1928, plena dictadura de Primo de Ribera, se promulga un nuevo código penal, por el que se persiguen los llamados “juegos prohibidos”, que eran aquellos juegos de suerte, envite o azar en que, mediando interés, la ganancia o la pérdida dependan totalmente o casi totalmente de la suerte, sin que influya en ellos la natural y, lícita habilidad del jugador.
El 3 de octubre de 1928 se impusieron dos tipos de penas: una mayor para la dueña del Café (por permitir el juego), y otra para los jugadores.
Era muy difícil que las familias dispusieran de dinero en metálico, el salario mensual de un jornalero (cuando se tenía trabajo) era de entre 90 y 100 pesetas.
















