Otra vez estoy aquí con mis recuerdos de antaño. Tenía la esperanza de que en este intervalo de tiempo que ha transcurrido desde mi primer escrito, se sumarían a esta sección “Lobera visto por…”, otras personas que en un tiempo más o menos lejano vivieron o visitaron aquel bonito lugar. Pero no ha sido así. Quizá no se hayan percatado de la apertura de esta nueva ventana. Acaso piensen que sus recuerdos no van a tener el más mínimo interés para los demás por aquello de que aquel era un mundo y éste de hoy es otro muy distinto. Tal vez teman que el lector pueda interpretar, como simples nimiedades sin sentido, recuerdos que para ellos representan un verdadero tesoro. Esas dudas nos asaltan a todos. Tenemos miedo a hacer el ridículo. Pero si nos dejamos dominar por esa forma de pensar, nuestras vivencias se ahogarán sin remisión en lo más profundo de nuestro ser, desapareciendo de nuestra mente por cese de negocio. Por mi parte, no pienso desperdiciar la ocasión que desde su excelente página web me brinda Pascual Plano, a quien tuve el honor de contar entre mis alumnos de Lobera. Es más, invito desde aquí a quienes coincidimos en aquel lugar, y a tantos otros anteriores y posteriores a nuestra estancia, a que compartan con nosotros las impresiones que guardan de Lobera de Onsella. Como he dicho, pensarán que lo suyo es insignificante, que no vale la pena, pero hay que recordar que nuestro currículo vital, nuestra historia personal, está compuesta por una serie encadenada de pequeñas vivencias, a veces imperceptibles, que concurren en nuestra personalidad.



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