Lobera de Onsella

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Retazos de Lobera de Onsella

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Han pasado tantos años, 42 si la memoria no me falla, desde nuestra estancia como Veterinario Titular, y aún recuerdo con nostalgia y alegría los años pasados en este primer destino como titular después de haber superado la oposición al cuerpo de veterinarios en Madrid tras unos cuantos meses de dura preparación y ejercicio como interino en el pueblo de Bujaraloz.

En verdad la amabilidad y el cariño demostrado hacia nuestra familia por todas las personas de Lobera es lo primero que quiero destacar.

Siempre fuimos atendidos en todas nuestras necesidades, familiares, sociales etc., etc. Nos proporcionaron una vivienda, modesta, que cumplió con creces nuestra estancia en la población de Lobera.

Desde el primer día el Sr. Alcalde (Santos Buey) nos ofreció su apoyo desinteresadamente y disposición para hacernos la estancia mas llevadera ya que los medios de asistencia eran en aquella época muy precarios.

La Sr. Josefina y sus hijas vecina de la plaza nos ofreció su ayuda y una de sus hijas fue la niñera de la hija que llevamos, Mª Pilar. Gran apoyo la de esta familia en momentos difíciles sucedidos con motivo de las fuertes hemorragias que sufrí sobre el años 1965 que me obligó a ingresar de urgencias en le C.A.P de Sangüesa y de allí en ambulancia a la  Cruz Roja de Pamplona, donde afortunadamente salí sano y salvo después de varias transfusiones de suero y sangre.

Gracias al médico de Urriés que me diagnosticó en casa el problema tan grave de mi estómago.

Recuerdo con ilusión los días de caza con el grupo de cazadores de Lobera por las montañas alejadas del pueblo. Solíamos ir a cazar el jabalí, pero nunca lo vimos. En su lugar rellenábamos nuestras mochilas y macutos de ricos robellones y setas variadas que hacían las delicias y disfrute de nuestras familias. Las tertulias con Mosen Fermín en nuestra casa, de el tengo el recuerdo de un ejemplar de la Biblia que me regaló y que gustosamente durante las tardes de invierno leí con agrado.

Las sesiones de los poco que se veía la TVE, por cierto fue el primer aparato de TV que se instaló en Lobera. Para ver un poco ya que la imagen casi no llegaba instalamos la antena en le torre de la iglesia con permiso de Don Fermín, aún con todo se veía la pantalla nevando.

Muchas tardes los niños venían para ver algún programa infantil y gustosos los dejábamos entrar con gran alegría por su parte.

A Longas como agregado subía un par de veces al año si antes no había alguna urgencia. Vacunábamos los perros y el ganado que había en la localidad y vuelta a casa por la senda del río ya que en esos años no había otro camino (ahora supongo que habrá).

Como las tardes de invierno eran tan largas aún me quedó tiempo para hacerme un curso sobre alimentación, por correspondencia con unos laboratorios de Madrid.

Desde nuestra vivienda y en tiempos de nevadas se divisaba una panorámica digna de los Alpes Suizos era de verdad de postal, como fondo las montañas nevadas los caminos desaparecidos, los pinos llenos de nieve etc., etc. Lo triste de todo era que la carretera a Sos era intransitable y no recibíamos correo ni venían a traer suministros el camión que semanalmente subía desde Sangüesa. Nosotros aún teniendo coche no podíamos salir para solucionar el problema.

El primer verano de nuestra estancia en Lobera fue admirable para nuestra hija ya que ella no había visto nunca trillar con el trillo de arrastre con pedernal y la mula delante. Tal fue la emoción que no se quería bajar del trillo que conducía un chavalin llamado Pedrito.

No quiero olvidar la presencia y colaboración durante nuestra estancia en Lobera del Sr. Nereo y su esposa Fíjela que siempre atendieron nuestras necesidades familiares como verdaderos amigos y compañeros sanitarios. No olvido al compañero veterinario de Urriés Alberto Ballesteros que me atendió el partido durante mi larga ausencia por motivos de salud.

Tampoco quiero pasar por alto mi consideración a Fernando Sahún y esposa maestros de aquella época inolvidable, con ellos compartimos días felices que prolongamos después en nuestra estancia en la provincia de Lérida. Ellos en Alcarras su nuevo destino y nosotros en Borjas Blancas.

Recuerdo que Fernando ya estaba como maestro en Lobera cuando en el nuevo curso llegó Angelines. Ambos, solteros y jóvenes no tardaron en intimar y hacerse novios.

Lamentablemente he conocido por Fernando el fallecimiento de su querida esposa y su residencia en Casetas de Zaragoza. Para ellos nuestro cariño y amistad siempre fue sincero hasta que el destino nos separó por motivos profesionales. A Fernando le recordamos siempre como buen compañero y amigo.

A todos quiero desde estas líneas mi agradecimiento y ponerme a vuestra disposición incondicionalmente.

 

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