Lobera de Onsella

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Cuando conocí Lobera

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Sin ser escritora y ni siquiera tener la mínima intención de aparentarlo, y, pidiendo disculpas de antemano si les resulta aburrido lo que les cuento o está mal redactado, les digo que mis siguientes palabras sólo son escritas desde lo que mi corazón me dicta.

Me llamo Silvia, soy nieta de una inmigrante loberana, Andresa Pueyo y, desde Mar del Plata, Argentina, viajé a España hace ya casi 13 años, con el único fin de conocer a familiares y la tierra de mi papá y abuelos. Así fue que, un día del mes de junio, con todo entusiasmo y emoción, desde Zaragoza, con la cuñada de mi abuela Andresa, la querida tía Vene y su hijo Francisco partimos en el auto de él hacia Lobera. No puedo explicar todas las sensaciones que sentía, que salían de mi corazón. Nervios, ansiedad, llanto, risa y fundamentalmente el fuerte recuerdo de mi amada abuela, que nunca pudo regresar a su tierra. Yo estaba muy cerca de su querido Lobera de Onsella, ese lugar del que tanto nos habló a sus tres nietos.

Los tres, Pili, José Ramón y yo, conocimos Lobera sin verla; en aquellos tiempos, sin tanta tecnología, sin poder "navegar" por el bendito Internet, lo que nos relataba la abuela con tanto amor de su pueblo, de sus hermanas, de su madre Gregoria, nos alcanzaba para imaginarnos la geografía del lugar y a su gente.

Casa PeireDesde el auto vi el cartel indicando el nombre del pueblo; trataba de contener mi terrible emoción, porque pensaba que no iban a entender lo que se siente ser nieta de inmigrantes y conocer la tierra de los abuelos, que si bien fueron felices en Argentina, nunca volvieron a visitar el lugar donde nacieron, pasaron su niñez y adolescencia y del cual partieron un día, con la ilusión de encontrar un futuro mejor, aún pagando el precio de alejarse de sus familias.

Fueron sólo dos días que pude quedarme en el pueblo, pero lo caminé todo, pudiendo ver al fin, cada detalle que la abuela nos había contado; la costera de Peire, el árbol donde se hace el Rito de los Herniados, la calle donde está ubicada la casa donde vivió, todo; no necesitaba de guías, aunque tuve varias, muy simpáticas, como Jacinta, entre otras; las que se asombraban de cómo conocía yo el lugar. No me fue difícil explicarles que gracias a mi querida abuela Andresa, a su amor por su tierra natal, a su amor por la familia que ahí había dejado hace tantísimos años, mis hermanos y yo, como digo más arriba, conocimos Lobera sin verla, y nos enseñó a querer al pueblo como ella lo quiso.

Cuando mis hermanos tuvieron ocasión de conocer Lobera, la abuela vivía; pero cuando viajé yo, ya hacía dos años que había partido y caminando las callesitas de Lobera, quise, necesité, verla en cada rincón e imaginarme que de algún lugar del cielo, mi abuela ella me veía a mí y se sentía feliz y orgullosa, de que ahí estaba yo, en su pueblo con su gente.

Vaya este relato (no pretendo que haya resultado interesante al lector) en homenaje a mi amada e inolvidable abuela Andresa Pueyo, de Casa Peire, a toda mi familia loberana y con todo el cariño, para mis papás, Ebe y José Luis, mis queridos hermanos, José Ramón y Pili, que comparten incondicionalmente conmigo el amor hacia Lobera de Onsella todo.

También mis cariños a todos los descendientes de loberanos en Mar del Plata, y para Pascual y Javier mis infinitas gracias por poder participar de esta manera, con todos ustedes en las Fiestas de Lobera 2011 y, algún día, quizás, podamos cumplir mis hermanos y yo el sueño de viajar los tres al pueblo. Dicen que soñar no cuesta nada; y eso hago, soñar... soñar.

 

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