Carlos y Aurora forman un matrimonio muy bien avenido. Ella trabaja en Hacienda, rodeada de números por los cuatro puntos cardinales. Él se ha decantado por las leyes, y forma parte de un bufete de abogados de prestigio. Se encuentran en esa edad en la que ya se han cumplido gran parte de los sueños a que uno suele aspirar cuando todavía tiene la cabeza llena de pájaros. Atrás quedaron aquellas fuertes dosis de adrenalina vividas frente a los tribunales de oposiciones. Y también los titubeos habituales al iniciar el ejercicio de una profesión. No tienen descendencia todavía, puesto que su ajetreado ritmo de vida les ha impedido dedicar tiempo a ese menester. Alcanzar la cómoda situación en la que se encuentran les ha exigido una dedicación exclusiva. De carácter abierto y campechano ambos, disfrutan compartiendo su vida con los muchos amigos que poseen.














