Lobera de Onsella

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Portada Colaboraciones Fernando Sahún Lobera de Onsella y los Jesuitas (VII)


Lobera de Onsella y los Jesuitas (VII)

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LOBERA DE ONSELLA Y LOS JESUITAS (VII)

LA VILLA DE LOBERA A COMIENZOS DEL SIGLO XVIII

La Guerra de Sucesión llegó en un momento muy delicado para la villa de Lobera. A lo largo de la segunda mitad del siglo XVII, como indican las ápocas encontradas, Lobera cumplió sus obligaciones con el Colegio de la Compañía de Jesús de Huesca, aunque tuviera que recurrir a una “concordia” para renegociar la forma de pago. En una situación normal, la villa de Lobera, a base de trabajo y sacrificio, hubiera respondido con solvencia a todos estos achaques financieros pasajeros, provenientes sin duda de la crisis que, según los historiadores, se paseó a sus anchas por estas tierras.

Pero la llegada de la maldita guerra lo estropeó todo. A la débil economía reinante, se sumaron los enormes gastos ocasionados por la contienda bélica, debido en parte a la proximidad de Lobera a los límites con Navarra, línea de confrontación de ambos ejércitos. Para hacer frente a todo eso, los loberanos no tuvieron más remedio que acudir a préstamos urgentes, cosa que empeoró todavía más las cosas. Y si a ello añadimos la suspensión del pago de las pensiones correspondientes a los numerosos censales contratados, tendremos una ligera idea de cuál fue el panorama con el que la villa de Lobera inició su caminar por el recién estrenado siglo XVIII.

Deudas que ha contraído la villa de Lobera por los gastos de la guerra, 6149-b, AHPZ

Las deudas que ha contraído Lobera por los gastos referidos son las siguientes:

Finalizada la guerra, la villa de Lobera reacciona con prontitud y energía, dedicando todos sus esfuerzos a esclarecer su situación financiera. Una vez elaborada la lista de deudas provenientes de los préstamos solicitados para cubrir los gastos de la guerra, expuesta más arriba, dirige toda su atención al tema de los “censales”, desatendidos mientras duró la contienda. Éste es el panorama que se encuentra:

  • CENSALES: A comienzos del siglo XVIII, los capitales “principales” procedentes del otorgamiento de “censos” que tiene cargados la villa de Lobera suman un total de trece mil cuatrocientos setenta y cinco escudos = 13.475 libras (1) , que es mucho dinero. Y cada uno de estos capitales lleva asociada una “pensión”, que Lobera debe pagar irremisiblemente en el plazo marcado en la “comanda” correspondiente. No hay duda de que la voluntad de los loberanos debió ser excelente, pero las circunstancias no fueron las más propicias, como se desprende de la tabla que se adjunta a continuación:
  • PENSIONES: Las pensiones atrasadas que debe la villa de Lobera son:

PENSIONES ATRASADAS QUE DEBE LA VILLA

DE LOBERA AL COMIENZO DEL SIGLO XVIII

Aunque su calidad es muy deficiente, se adjunta aquí a modo testimonial (6148-a AHPZ)

Continúa la lista de pensiones atrasadas pendiente de pago:

La tabla que antecede merece al menos un breve comentario. Su contenido es impactante, no tanto por el importe de las deudas, como por la tardanza en el pago de las mismas. Cuatro de estas pensiones (eso sí, de poca monta) llevan un retraso en la liquidación de 29 años. A continuación encontramos otras tres con esperas de 27, 25 y 20 años, respectivamente, de las que el Capítulo de Salvatierra representa la mayor cuantía con 518 libras y 8 sueldos. Sin embargo, el importe más elevado dentro de la tabla, aunque el pago solamente se haya retrasado nueve años, corresponde al Colegio de la Compañía de Jesús de Huesca, que asciende a 588 libras. De los censalistas anotados, nueve son seglares y los diez restantes clérigos.

Si nos atenemos a los años que se citan en dichas pensiones atrasadas, la presente auditoría que la villa de Lobera efectúa de sus propias cuentas hay que situarla en torno al año 1710. De ello se deduce que nueve de dichas pensiones se dejaron de pagar con anterioridad al comienzo de la Guerra de Sucesión. Y de éstas, siete mucho antes. Visto lo cual, todo parece indicar que los problemas económicos, o de falta de liquidez, se agravaron en Lobera a partir de la década de los ochenta (1680)

Es sintomático que en ese tiempo, concretamente en el año 1688, la villa de Lobera se vea obligada a pactar una Concordia con cinco censalistas residentes en Zaragoza, con el fin de atender con preferencia el pago de sus pensiones durante los doce años de duración de la misma. También es revelador que a partir de esas fechas, comienzos de la década de los noventa, la villa de Lobera pague las pensiones al Colegio de la Compañía de Jesús de Huesca en especie (13 cahíces de trigo anuales) en lugar de hacerlo en metálico, como era habitual hasta entonces.

CENSALES QUE DEBE PAGAR LA VILLA DE LOBERA EN CADA AÑO

El Concejo de la villa de Lobera, una vez evaluadas las deudas derivadas de los gastos ocasionados por la guerra, y clarificadas las pensiones atrasadas pendientes de pago, ha elaborado una lista con el importe de las pensiones que a partir de ahora debe abonar cada año, con el fin de que las cosas vuelvan a la normalidad, reanudando con ello el cumplimiento de los compromisos adquiridos con los censalistas:

Sobrecoge el ánimo contemplar el elevado número de censalistas con los que tiene tratos financieros la villa de Lobera. Sin ningún tipo de reserva, puede sentenciarse claramente que las cosas han ido demasiado lejos. Difícil será que pueda cumplir cada año con esos acreedores. Las facilidades dadas por los prestamistas o la furia desbocada por acaparar censos, se supone que para sufragar necesidades urgentes, han hecho que Lobera se halle en estos momentos (1710) en una difícil encrucijada. En favor de los loberanos hay que decir que, finalizado “el tiempo de turbación”, se han sentado en torno a la mesa y han realizado una minuciosa auditoría de la situación económica de la villa, como punto de partida para encontrar soluciones.

 

(1) Escudo: Su denominación se debe al gran escudo de armas grabado en una de sus caras. En Aragón no se tiene noticia de posibles acuñaciones hasta las Cortes de 1564. El cambio inicial por 10 reales de plata hizo que rápidamente se le asimilara a la libra, por cuyo motivo, ya en pleno siglo XVII, no es extraño encontrar ambos términos, libra y escudo, con utilización indistinta
 

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