Lobera de Onsella

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Portada Colaboraciones Fernando Sahún Lobera de Onsella y los Jesuitas (IV)


Lobera de Onsella y los Jesuitas (IV)

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LOBERA DE ONSELLA Y LOS JESUITAS (IV)

EL ÁPOCA COMO JUSTIFICANTE DE PAGO:

¿Cumplió la villa de Lobera con el compromiso contraído al vender dichos censales al Colegio de la Compañía de Jesús, de la ciudad de Huesca?

Si nos atenemos a los testimonios encontrados, puede afirmarse rotundamente que sí. Al menos a lo largo del siglo XVII. No obstante, los pagos efectuados no coinciden siempre con el montante establecido ni con la periodicidad marcada en las “comandas” de los censos. Como justificante de haber pagado sus pensiones, los censatarios (Lobera) recibían de los censalistas (jesuitas) un recibo, conocido como “ápoca” (1), que solía extender un notario, un apoderado o el mismo censalista. En la práctica no existía un modelo oficial, encontrándose recibos con todo tipo de redacciones. Tampoco hay unanimidad en cuanto a la moneda, pues aunque la mayor parte son abonados en metálico, a partir de la Concordia de 1688 existen también los pagos en especie. Se adjuntan algunos ejemplos:

 

En Zaragoza, a 10 de diciembre del año 1649. El padre Pedro Martínez, religioso de la Compañía de Jesús, de dicha ciudad, como Procurador del Capítulo de los Rector, Padres y Hermanos del Colegio de la Compañía de Jesús, de la ciudad de Huesca, con poder bastante en dicho nombre, ha otorgado haber recibido de los Justicia, Jurados y Concejo de la villa de Lobera, y por manos del señor Benito de Aguas, arrendador de dicha villa, y vecino de ella, la cantidad de ochenta y siete libras y cuatro sueldos jaqueses, fin de pago de cuatro pensiones de cuatro censales que cayeron en diferentes días del mes de enero más cercano pasado de dicho y presente año mil seiscientos cuarenta y nueve, como consta más largamente por ápoca firmada según fuero, testificada por mí.


Joseph Francisco de Robres, Notario

 

Yo, Sebastián Navarro, de la Compañía de Jesús, como Procurador del Colegio de la dicha Compañía de la ciudad de Huesca, confieso haber recibido de los señores Jurados y Concejo de la villa de Lobera la cantidad de sesenta y ocho libras jaquesas en esta forma: Las 33 libras, por manos de Blasco Muriel, y las 35 libras, por manos de Martín del Plano, las cuales hacen la cantidad sobredicha de 68 libras jaquesas, y son a buena cuenta de varias pensiones de censales que dichos señores Jurados y Concejo deben a dichos mis Principales. Y por la verdad que la presente, firmada de mi mano en Huesca a 12 de octubre de 1665.

 

 

Sebastián Navarro (Rubricado)

 

Digo yo, el abajo firmado, como Procurador que soy del Colegio de la Compañía de Jesús de Huesca, que he recibido de la villa de Lobera dos cahíces, nueve almudes y medio de trigo, en el precio de un lechón, y son a cuenta de trece cahíces de trigo, que en cada un año debe pagar dicha villa a dicho Colegio, y son por los que debía pagar por el año mil seiscientos noventa y cuatro. Y por la verdad di ésta en Huesca, a 1 de enero de 1695.


Son 2 cahíces 9 almudes y medio

 

S. H. Francisco Sanz

de la Compañía de Jesús.

 


 

Digo el abajo firmado, como Procurador que soy del Colegio de la Compañía de Jesús de Huesca, que me doy por pagado de la villa de Lobera de todas las pensiones vencidas hasta el año de mil seiscientos noventa y siete inclusive, por censales que dicha villa paga a dicho Colegio. Y a cuenta del año mil seiscientos noventa y ocho, tengo recibido nueve cahíces dos fanegas de trigo. Y por la verdad di éste en Lobera, a 17 de septiembre de 1700.

 

 

S. J. Francisco Sanz,

de la Compañía de Jesús

Como es sabido, la economía rural de antaño se nutría de dos fuentes principales: del laboreo de la tierra y de la explotación ganadera. Ambas emanaban del aprovechamiento del suelo, pero se destinaban a fines distintos. Mientras que los productos agrícolas se reservaban en casi su totalidad al consumo familiar, el rendimiento ganadero presentaba un carácter más comercial, por cuanto suponía en muchos casos el único dinero en metálico que entraba en las familias. Es decir, que la agricultura aportaba los alimentos y la ganadería el dinero contante y sonante, tan necesario para adquirir ropa, calzado, animales de labranza, medicamentos, herramientas, pagar impuestos, bodas, entierros, misas, etc.

En cuanto al pago de las pensiones, en la “comanda” de 8-03-1635 existe una cláusula que muestra con claridad los privilegios que siempre tuvieron los prestamistas, léase también banqueros. Tras señalar que los 3.722 sueldos y 6 dineros de pensión que tiene que abonar cada año la villa de Lobera debe hacerlo en dos plazos (3.000 sueldos en el mes de enero y los 700 sueldos y 6 dineros restantes en el mes de mayo), dicen los loberanos: “…puestos y pagados a costas y expensas nuestras, y del dicho Concejo, en las casas y Colegio de la Compañía de Jesús, de la ciudad de Huesca”. Es decir, que la villa de Lobera, además del sacrificio de pagar, que según dicen es tan doloroso como arrancarse una muela, están obligados a llevar en persona el dinero a Huesca. Y todo ello a “costas y expensas” de los pagadores, o sea, de Lobera. ¡El poder del dinero! Algo se ha dicho ya sobre el mango de la sartén y su importancia.

 

(1) En Aragón y Cataluña, carta de pago, o recibo, que el acreedor da al deudor para acreditar lo pagado por éste. De ahí proviene el verbo “apoquinar”, que significa: pagar, generalmente de mala gana.

 

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