Casa Lacirjuana

Jueves, 13 de Septiembre de 2012 10:27
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Casa Lacirjuana en los años 60 y en la actualidad

Dicen que es de bien nacido ser agradecido, así que lo primero es dar las gracias a Ricardo Vives por este artículo, por su ardua labor de investigación y su paciencia.

Para saber quienes somos y valorar aquello que nos rodea a veces es necesario saber de dónde venimos.

Ahora que van faltando la personas a quienes pude preguntar, a las que no pregunté todo lo que quería saber o no me contaron todo lo que sabían… ahora es cuando nos vemos obligados a examinar con lupa las antiguas fotos y casi hacer arqueología doméstica, para recomponer el puzle familiar.

Si ha sido posible todo esto, es en parte, debido a que siempre escuché y retuve en mi memoria, aquellas historias que tuvieron a bien contarme mis abuelos y tíos.

Tomasa Vives, Eustaquio España y el Café/Baile al que daba nombre, siempre llamaron mi atención y creo que a todo el que lea este artículo, cuando menos, le resultará interesante y curioso.

Unos recordarán y otros se asombrarán de conocer algo que ignoraban.

No es sólo una historia familiar, también es un recuerdo importante de la vida social de una época ya pasada.

Lobera es hoy día un pueblo más o menos tranquilo, pero un día albergó una intensa vida social. Se trabajaba mucho y eran tiempos difíciles, pero también estaba repleto de juventud y todo tenía su momento.

Había negocios y oficios de todo tipo. Situaciones y sucesos, que hoy día muchos no pueden ni imaginar.

Los mayores, la fresca juventud y muchos niños ruidosos corriendo por sus calles.

A veces duele escarbar en la memoria, pues a menudo se empeñan en salir a flote los malos recuerdos con los buenos, la memoria personal es algo muy íntimo, que no siempre gusta mostrar, pero yo os animo a preguntar, recordar y conservar por escrito todo aquello relacionado con el pasado.

Las fotos antiguas están muy bien, pero no hacemos nada con guardarlas en un álbum, si no sabemos cómo identificar personajes y situaciones.

Me gustaría que fuerais vosotros, lectores, quienes completarais este escrito con vuestros comentarios acerca de lo que recordáis o lo que os contaron, y si alguno dispone de fotos de aquél baile o los personajes de esta historia, nos los hicierais llegar.

Espero que os guste tanto como a mí.

Conchi Mayayo Rubio


A propósito de casa Lacirjuana

Un buen día apareció en la web de Lobera de Onsella (vid foro) un anuncio del tenor literal siguiente:

-“A propósito de Casa LaCirjuana. ¿Alguien me sabría decir el porqué de ese apodo para esa Casa? ¿Quizás porque algún antepasado fue cirujano?

Con la siguiente respuesta:

-“¡Hola! Yo soy de esa casa y hasta donde yo sé la historia es esta: El señor Eustaquio España, era una especie de médico, curandero o similar,…. una de las cosas que al parecer hacía era curar con ventosas de cristal. Curiosamente el apodo de la casa es femenino pues toma el nombre "Cirjuana" de Tomasa Vives quizás al quedar ésta viuda. También fue muy conocida esta casa al tener durante bastantes años el Café España, que también era baile... Un saludo, señor Vives.”

Estaba el mendas enfrascado en otras historias cuando Conchi Mayayo Rubio, se interesó en recomponer su historia familiar en la necesidad de conservar todo aquello que perpetúe la memoria de su padre Máximo Mayayo Pérez.

Fue su expresión a la par que afirmación: - “Soy de la opinión de que nadie muere mientras tenga a alguien que le evoque” lo que me decidió a escribir el presente artículo.

Al igual que Baltasar Gracián cuando afirma que todos los principios son informes, Eustaquio España, los Vives, los Mayayos y el Café España se presentan sin más ¡Aquí estoy yo! como un terrible puzzle de ciento veinte mil piezas a dos colores uniformes que, con tesón e imaginación, era posible resolver.

-¡Hola Conchi!

-¡Hola Ricardo!

Así empezaban los mensajes que se iban prodigando entre uno y otra y así se acaba lo que aquel día comenzó.

Sirva el presente como el más sincero homenaje a los hermanos Máximo y Benito Mayayo Pérez.

Se podría en este lugar componer el árbol genealógico de los Mayayo en la rama de Conchi pero quizás esto no sea lo pretendido por ella así que lo limitaremos a las dudas generadas sobre todo aquello que le contaron y que giran sobre la descendencia de Leoncio Mayayo Cardesa y Fermina Pérez Biel, su entronque con el matrimonio habido entre Eustaquio Español (España) Aguirre y Tomasa Vives así como con el Bar-Café-Baile-Posada “España”.

De lo contado a Conchi por sus progenitores y demás parientes se le plantean las siguientes interrogantes:

  1. ¿Qué nexo común existe entre Eustaquio Español (España) Aguirre, Tomasa Vives, Leoncio Mayayo Cardesa, La Cirjuana, el Bar, Café, Baile y Posada “España” y viaje de Tomasa a Argentina?
  2. ¿Quiénes aparecen en las fotos 416 y 417 del álbum de imágenes antiguas de la web de Lobera junto Fermina Pérez Biel y Tomasa Vives son Manuel Pérez Mayayo y/o Eustaquio Español Aguirre o ninguno de los dos y ¿Podría ser Eustaquio Español el que figura en la foto 410?

Fotografías antiguas de esta web


Eustaquio Español (España) Aguirre

La primera cuestión que se plantea es saber a ciencia cierta el apellido real de Eustaquio, esto es: si España o Español.

Repasados los Censos Electorales de la villa de Lobera y redolada (Biel, Gordún, Isuerre, Longás, Luesia, Navardún, Undués, Urriés y Uncastillo) tenemos ejemplos de personas apellidadas Español en:

Profundizando un poco más en las Actas Sacramentales depositadas en el Archivo Diocesano de Jaca en la búsqueda de algún que otro antecedente, aparecen diversas personas apellidadas “Español” que vienen desde el año 1580 sin ninguna aparente relación con el caso que nos ocupa.

La única, pero descartada, posible conexión sería con el también practicante de Urriés, Faustino Español Rubio quien casó en 1890 en segundas nupcias a la edad de 46 años.

Nuestro Eustaquio España (Español) Aguirre, natural de Munilla (Logroño) fue hijo legítimo de Pedro España y de Serapia Aguirre, de profesión practicante-barbero, que falleció a consecuencia de la enfermedad denominada “enteritis coleriforme”, cuando contaba 51 años, (su posible fecha de nacimiento sería el año 1865) en su propio domicilio, calle del sol nº quince, dejando viuda, a Tomasa Vives, y ningún hijo. Fue testigo de su sepelio Nicolás Vives Longás. Sacristán.

Documentado está el contrato de construcción de la que luego devino a denominarse Casa La Cirjuana en el que se refleja que Don Eustaquio encarga su construcción al albañil Don Santos Gracia, vecinos de Lobera y Longás respectivamente, y que deberá estar terminada en e1 mes de Abril de 1915.

Así pues, dando toda validez a los censos lectorales, al acta de fallecimiento, Contrato de Construcción y al denominado por sus herederos “Café-Bar-Baile España” no es aventurado dar por hecho que su primer apellido es el de España y no Español.

Es de reseñar sobre su fallecimiento dos aspectos:

  1. La enteritis coleriforme.
  2. No se le hicieron funerales.

La práctica del funeral es una ceremonia que se llevaba a cabo para despedir a la persona fallecida, rito que depende de la época, la cultura, la posición social del difunto, las creencias religiosas de la sociedad en las que estuvo inmerso y de la causa de su muerte.

La muerte está estrechamente relacionada con la creencia religiosa sobre la existencia de una vida después de ella, con la preparación y despedida del cadáver, con la satisfacción de los familiares y, sobre todas las cosas, con la permanencia del espíritu del fallecido entre los vivos.

Entonces ¿Por qué se le privó a la familia de Eustaquio hacerle funerales?

¿Qué pudo entender el medico de Lobera cuando diagnosticó y certificó que Eustaquio España murió de Enteritis Coleriforme?

¿Qué temor se entendió sobre dicha causa para que no se le hiciesen exequias?

¡COLERA!

La enteritis coleriforme es aquella enfermedad que produce diarreas o enteritis en las cuales la emisión intestinal se parece a la que se observa en el cólera.

Y si fue así, debemos recordar la última epidemia de cólera de importancia que comenzó no hace demasiados años en Épila (con treinta y dos casos) y Rueda de Jalón (con dieciséis), ambas de la provincia de Zaragoza y como informó El Heraldo de Aragón, con siete víctimas en la primera semana de la epidemia, para evidenciar el estado de ansiedad y terror que produjo en las personas.

Corría el año 1.971, éramos un país subdesarrollado con una falta casi total de infraestructuras sanitarias en el que gran parte de la población no disponía de agua corriente ni de un sistema de alcantarillado.

La persona designada para hacer frente a esta enfermedad fue el farmacéutico de los Cuerpos Sanitarios del Estado Ricardo García Gil y él mismo relató que los equipos de los que disponía no eran más que sentido común y un instrumental rudimentario.

Depuraba las aguas de los pozos metiendo hipoclorito en un botijo, añadiendo arena para suavizarlo y, de esta manera, el agua entraba y salía lográndose la desinfectación o echaba lejía en las fuentes hasta que llegaron las cloradoras.

Cuarenta y un años después de aquel todavía recuerdo las filas de personas (607.381 exactamente) temerosas para vacunarse a pleno sol y los comentarios que se oían en voz baja que decían que los medios de comunicación franceses habían anunciado una gran mortandad entre la población, que se habían dictado bandos en los que se hacía saber que el agua para beber deber hervirse durante veinte minutos y añadir a cada litro dos gotas de lejía…” a lo que las autoridades de entonces trataron de camuflar achacándola a “procesos diarreicos estivales” e incluso llegaron a echar la culpa a los trabajadores norteafricanos emigrantes que pasaban por la zona.

Si aquél estado general de temor se produjo en aquella época entonces imagínense el que se pudo producir en Lobera con la muerte del Sr Practicante.

En parte Conchi tiene razón cuando dice de Eustaquio España Aguirre que “fue una especie de médico, curandero o similar, que curaba con ventosas de cristal” ya que en los Censos Electorales de los años 1915 a 1917 correspondientes a Lobera y acta de defunción figura como Practicante.

Y si dice lo que dice es porque entre los siglos XVI hasta entrado el XIX el conjunto de prácticas vinculadas al cuidado de la salud configuraron un espacio peculiar que transcurría por la automedicación, remedios caseros y la consulta al curandero, y menos frecuentemente al médico diplomado, legitimado oficialmente, pero que ocupó un lugar secundario restringido a las élites locales.

Maletín y útiles usados por Eustaquio Español Aguirre

A lo largo del tiempo han sido varias las figuras que han realizado funciones que podemos enmarcar dentro del campo profesional de la Enfermería y citados con anterioridad como Cirujanos Barberos o Sangradores, más tarde como Ministrantes, Practicantes, Enfermeros y Ayudantes Técnicos Sanitarios y convenidos, aquellos, mediante contrata municipal y pago al cobro de la vecindad en metálico o en especie y los últimos como funcionarios.

Entre aquellas centurias toda una gama de profesionales, empíricos y brujos, ejercían el arte de curar y así nos encontramos por ejemplo con los sobanderos quienes sobando a las personas les sanaban del dolor que tuviesen desde esguinces hasta fracturas, con los barberos sangradores que colocaban sanguijuelas y extirpaban muelas, con las parteras comadronas, con los hernistas, con los litotomistas o sacadores de piedras; los oculistas o batidores de la catarata o los especializados en la cura de la tiña, entre otros muchos.

Esta conflictiva convivencia no se resolvió exclusivamente en el terreno del conocimiento ni en la legitimación que el poder institucionalizado otorgó al grupo de diplomados, sino que tuvo que ver con la eficacia social alcanzada y con las presiones de las incipientes asociaciones gremiales.

Muchos han sido los inconvenientes que ha encontrado la profesión de Practicante para organizarse de una manera estable a lo largo de los años, algunos comunes a los de otras profesiones, como las distancias, los pocos recursos o la falta de reconocimiento social, sin duda fueron en gran medida determinantes de esa falta de unidad en torno a una organización, sin embargo, un problema estructural que históricamente ha sido siempre motivo de discordia y desunión fue y es la falta de una denominación única y la inexistente voluntad de integración por parte de sus miembros.

Así, denominaciones propias como la de Parteras, Comadres, Comadronas, Asistentes Obstétrico Ginecológicas, Ministrantes, Practicantes, Enfermera, Ayudante Técnico Sanitario se unen con otras denominaciones que podríamos denominar como dudosas o al menos compartidas con otras profesiones, como es el caso de Sangrador, Cirujano- Sangrador, Barbero, Flebotomiano, Dentista, Cirujano Menor, Callista, Podólogo o Fisioterapeuta.

Más de una vez he oído por boca de vecinos en autoafirmación de que su pueblo siempre fue más que los de la redolada y expresiones como: -“En Lobera siempre hemos tenido de todo”-.

Afirmación que, puesta en comparación con otros lugares, y para el presente caso, es cierta.

Así, en Lobera, nos encontramos, por no ir más allá ni más acá, a Ángel Galván García, José Mª Sanclemente Sanclemente o Ricardo Molinero Bonafonte como Médicos, a Agustín Franco Buesa como Ministrante, a Jorge García Ruiz y a Eustaquio España Aguirre como Practicantes, a quienes se les acomodaba bien en casas de particulares bien en especificas de la profesión.

Visto que Eustaquio España Aguirre fue practicante debemos decir de él que adquiriría la practica de la profesión de un maestro Ministrante y que, sobre la base de su formación, pondría inyectables, sacaría muelas, sangraría con sanguijuelas e in itinere, entre col y col una lechuga, sobaría y cortaría el pelo.

Así que, una vez finalizado su contrato Jorge García Ruiz llegó a Lobera Eustaquio España Aguirre con las interrogantes de si vino casado, de donde venía, que hijos tuvo o cuando falleció.

El núcleo de la villa de hace un siglo defiere poco del de hoy al mantenerse las mismas nominaciones de ayer para las calles (Aire, Bradinal, Iglesia, Paco, Peñas, San Juan, Sol y Plaza) más la añadidas: Aragón (Avenida), Eras (Camino), Gurría, Herrería, Luna, Navarra (Avenida) y Nueva.

Los censos electorales de los años 1910 a 1921 nos dicen que los habitantes de Lobera residían en las calles Aire, Bradinal, Iglesia, Paco, Peñas, San Juan, Sol y Plaza, pero al contrastarlos, año a año, se aprecia una serie de obstáculos que impiden saber si Eustaquio España Aguirre vivió en la c/ Iglesia sin numerar y si ésta era de propiedad municipal asignada a profesional, de arriendo a otro vecino o propia del titular.

Hay un dato relevante que lo podría justificar: Su antecesor en el cargo, Jorge García Ruiz, figura en el censo de 1910 como residente en C/ Iglesia número 7, número que, casualmente, desaparece en los censos posteriores y que también ocupó, años más tarde, nuestro Eustaquio y que tuvo por vecinos a Máximo Galindo Gil (presbítero) en el número 1, a Nazario Cardesa Olid, (luego Blas Cardesa Longás y al hijo de éste Emilio Cardesa Mayayo) en el número 2 (antes Silvestre Ariella Mayayo), a Prudencio Pueyo Serrano en el número 5, a Juan Puente Millán (y sus hijos José y Justo Puente Artieda) en el número 8, a Victoriano Martín Campos (y su hijo Fernando Martín Serrano) en sin numerar y a Simón Plano Begué (luego Lorenzo Plano Begué) en sin numerar.

Más tarde, año 1916, hallamos a Eustaquio España Aguirre residiendo en la c/ Sol y es aquí, en esta calle, donde confluye el nexo de unión entre Eustaquio España Aguirre y Santos Mayayo Ricarte.

Los Mayayos se repartían por Lobera de Onsella de la forma siguiente:

¿Qué hubo o que pasó en el cuadrante formado entre las calles Herrería, San Juan y Sol para que surgiesen las dos calles Lunas?


Tomasa Vives Glaria

De Eustaquio afirma Conchi que casó con Tomasa Vives y de quien dice que le dicen que “... siempre le llamó la atención por su carácter... y porque a la par que cariñosa fue emprendedora y distinta,... ya que no parecía una mujer "de pueblo".

Esta afirmación conllevan los siguientes interrogantes:

Tomasa Vives GlariaEustaquio España Aguirre casó en primeras nupcias con Tomasa Vives Glaría bautizada el día 19 de Agosto de 1860, fue hija de Luis Vives Martín, de oficio tejedor, y de Catalina Glaría Longás, ambos de Lobera, nieta por parte paterna de Mariano Vives Serrano, de oficio tejedor, y de Teresa Martín Cardesa y, por parte materna, de Juan Glaría Artieda y Cipriana Longás Ugarte naturales de Lobera y Pintano. Fue su padrino Juan José Ventura.

Ya viuda, Tomasa, contrajo a los 61 años, segundas nupcias el día 09/01/1921 con Manuel Pérez Mayayo quien, a su vez, era viudo de Josefa Biel Sanz de Isuerre, e hijo de Calixto Pérez Quintana (natural de Pintano) y de Luisa Mayayo Sanz (natural de Isuerre).

Bien poco le duró este matrimonio a Tomasa (1 año, 8 meses y 20 días, ya que Manuel Pérez Mayayo falleció el día 29 de Octubre de 1922 a los cincuenta y dos años de edad.

Fallecido Manuel, quedaron en la casa, ya desde entonces denominada “La Cirjuana”, únicamente Tomasa y Fermina hasta que ésta última casó, el día 15/01/1930, a los veinticuatro años con Leoncio Mayayo Cardesa, también de 24 años.

Leoncio fue hijo de Julián Mayayo Ricarte y de Martina Cardesa Mayayo (ambos de Lobera) Por lo tanto la relación entre Tomasa Vives Glaría y Fermina Pérez Biel es de madrastra e hijastra.

Máximo, María, Benito, Manolo, Máxima y Ángel. Niños de la casa Lacirjuana. Años 40

-"Tío, de todo que me cuentas sobre Tomasa Vives hay algo que se me escapa, que no entiendo. ¿Dices que emigró a América?" -preguntó Conchi.

-"Sí. Siempre se dijo que había estado en América, quizás a Argentina, aunque no lo sabemos con certeza". -respondió Cándido.

-"Eso comentaban mis padres". -aseveró María.

Así que a Tomasa también le dijeron que por Bilbao, Pamplona, Zaragoza o Francia, Alemania, Argentina había trabajo, pan y libertades, que allí se marchó con una parte cualitativa muy valiosa de nuestra historia, pensaba Conchi.

Quién sabe si fue protagonista sin nombre de aquellas historias de gente que sufrieron rabia y emoción y que cuentan relatos magníficos, afligidos, ejemplarizantes de lo que no debe suceder.

Que viajó lejos de su tierra, añorada siempre porque muchos se murieron con la palabra España y Aragón en sus labios. Seguía pensando.

Sacudiéndose de su ensoñación se preguntó el porqué de aquella decisión.

¿Cuándo y qué motivo le llevó a tomar tal disposición y por qué regreso?

Quizás no tuvo intención de emigrar a ninguna parte y, si así, por qué esa categórica aseveración hecha por sus padres y tíos.

¿Cuales fueron las causas que le hicieron regresar y porqué retornó a Lobera?

Pues bien, en este punto habría que elaborar el árbol genealógico de Tomasa Vives Glaría para mayor comprensión de su situación tanto económica como social, pero estimo que ello es instranscente para el buen devenir del presente análisis.

Bastará con reseñar que:

Así que una vez instalado en Burdeos casó por poderes con Leocadia quien, una vez recibida su dote, marchó a Francia para reunirse con su marido y no iría sola, imagínense el viaje, para años más tarde embarcar juntos rumbo a Argentina.

No es descabellado que este viaje lo realizase en compañía de Tomasa usando Leocadia parte del patrimonio entregado por su padre Nicolás más lo que pudo invertir su tía Tomasa para tal fin.

- "Tío, ¿te acuerdas de…?"

- "¿Dime tía?"

Sonaba la voz de Conchi en su machacón soniquete.

Las respuestas se hacían esperar al evocar Cándido y María tiempos pasados. El pensamiento volaba y venían a la mente, mezclados, tantos y tantos recuerdos del pasado…

Sentados en el “banquero de la cirujana” contemplan absortos la silueta del pueblo que se dibujaba antes sus ojos sintiendo como se desvanecían las caras y perdían la voz todos aquellos que se quedaron por el camino.

Antes que escuchar a su sobrina Conchi escogían seguir en su celestial viaje de vuelta a su pasado y pasear sin otro objetivo que observar por donde corrían las perdices y bregaban los conejos e intentar distinguir más allá de la mirada las sombras de los corrales hechos en piedra de mampostería.

Caminar rodeando el Paco hacia las pocas huertas de la fértil vega del Onsella que resisten al abandono o cruzar por el campo de Tolón hacia las viñas hoy parcelas yermas vestigio de su historia.

Bajar por la carretera hacia el Molino intentando redescubrir entre sus ruinas aquellos tiempos pasados colmados de intensa vida que se esfuman desvanecidos por el insalvable abandono y el transcurrir de los años.

Diminutos puntos entre el mar de bojs les han sumergido en el ayer recordando aquellos momentos de una feliz infancia y juventud en aquella calle, en su casa.

¡Quien te ha visto y quien te ve!

Se dicen con la mirada Cándido y María al despertar del placentero sosiego en el que se hallaban abstraídos.

Irremediablemente vuelven a la realidad.

- "¡Sí, muy “arreglao” pero vacío!", piensan.

- "Tía y dice que mi padre…", proseguía Conchi sabedora de que, tristemente, la gente mayor nos está dejando y que con ellos se está marchando una sabiduría irrecuperable, unas tradiciones que fueron pasando de padres a hijos y truncadas en esta generación.

¡Et voila! Ahí, delante de ella, los ve disfrutando soñando con los ojos abiertos lo que ella quiere saber.

Irremediablemente Conchi, con los ojos enrojecidos, recuerda los veranos de su niñez y juventud viendo a su padre, a sus tíos  y abuelos, afanados en los quehaceres cotidianos.

La alegría que le causaba siempre a su padre el regreso al pueblo por vacaciones, ver de nuevo a la familia, la casa llena de vida.

Y jugó en la era y en el pajar, en los graneros y en la falsa, recorrió huertos y hasta el abejar…

Pero no cogió leña y ortigas para avivar el fuego ni llenó el cántaro con el agua de cualquiera de las fuentes.

Ni observó, como María, a las mujeres lavando la ropa en el tristemente irrecuperable lavadero…

Por fin, Cándido y María, como buscando setas en su memoria, le han contado mil historias que hablan del tiempo, de la cosecha y de lo difícil que está la vida sin acordarse ya de las suyas, mientras rememoran lo que fue la existencia de antaño junto a todos los que habitaron en la casa...

Lobera, que poco ha cambiado.

Era y es un puño prieto de edificaciones singulares de muros macizos como la piedra que los sustenta y los viste... y campo, campo, campo, entre los chaparrales marcados por una forma de vida montañesa, agreste y dura como el carácter de sus gentes que han caído en un servil olvido, sumido en una amnesia ¿irrecuperable?

Y Conchi, despertándolos de su ensoñación, a lo suyo. Pregunta que te pregunta.

- "¿Y para qué?", le contestan.

- "¡Simplemente para saber!", les responde Conchi.

Sin darse cuenta la conversación deriva hacia los derroteros por ella pretendidos y por fin comienzan a hablar.

Leoncio Mayayo Cardesa, Fermina Pérez Biel y Máximo Mayayo Pérez

- "El café-baile y posada de Casa La Cirjuana pudo comenzar su andadura allá por los años 20 siendo la construcción de la casa en torno a 1915", le dicen.

Ya en su casa de Zaragoza repasando sus notas Conchi se da cuenta de lo evidente:

Si se pregunta a la gente de Lobera por sus bares y tabernas te hablaran los cincuentones del Flor de Lis de Clemente Sanz y de sus hijos José Joaquín y Mariano y del Bar de Cardesa mientras que los más jóvenes lo harán del Jabalí, el Lavadero (hoy cerrado) y el de las piscinas solo para los veranos.

Pocos, porque casi no quedan, rememoran que en años anteriores hubo otras casas que se dedicaron a esta actividad como: Casa Cabrero, Casa Plano y Casa La Cirjuana y es ésta última, parece ser, la que más huella dejó.

Es arduo imaginar quién de esta familia conoció los ambientes de otros lugares y quién fue el emprendedor que trasladó hasta el pueblo tal negocio.

En el bar-café y baile España, como en todos los de su clase, entre chato de vino y copa se discutiría de literatura, de arte, de política, de comercio, se batallarían y cerrarían tratos, se iría a leer el periódico o cualquier libro, y se perderían o ganarían fortunas jugando a cartas.

Sus clientes habituales fueron médicos y veterinarios, curas y maestros, secretarios y carteros, tejedores y herreros, militares y guardia civiles, jornaleros y propietarios quienes, aparte de beber, hacían uso del servicio de comidas y de la posada de la casa.

Cosas del destino. El abuelo del marido Conchi y el suyo se conocieron casualmente sin saber lo que el futuro les iba a deparar ya que aquél, guardia civil destinado en Tauste, fue cliente en alguna ocasión de dicha Casa.

Remontarse a los orígenes del Café España supone realizar un viaje a los albores del siglo XX, a la historia de Lobera que con sus tristezas y grandezas bien pudo forjarse en aquél lugar tan poco habitual.

- "Pues si Conchi," -comentaba María- "el Bar-Café funcionaba a diario y para este menester tu abuelo Leoncio (Mayayo Cardesa), que se dedicaba a la intendencia, tenía que ir en caballería dos veces por semana, invirtiendo en cada viaje unas cinco o seis horas de ida y otras tantas de vuelta hasta Sos o Sangüesa a por provisiones mientras que tu abuela, Fermina (Pérez Biel), era quien llevaba el negocio y yo (Mayayo Pérez), hacía de ayudante sirviendo las bebidas".

- "Recuerdo que las consumiciones más habituales de diario, además del clásico chato de vino, eran el café y la copa de anís o coñac y, en menor medida, de ron que costaban a peseta y que para los domingos y festivos también se solía tomar vermú Cinzano, si acaso, acompañado de una ración de aceitunas y para épocas de frío un buen trago de “vino quemado” que en esencia es vino caliente con azúcar, higos y/o membrillo".

- "¡Buenos cafés y buenos chatos de vino con sifón que nos tomábamos cuando ya empezábamos a despuntar!", alega Cándido (Plano) mientras recuerda sus ricas aceitunas rellenas.

- "¿Y del Baile?", reanuda Conchi.

- "En un principio la actividad de baile se desarrolló en la planta baja de la actual casa, en una larga sala que iba de lado a lado del edifico mientras que el café lo hacía en la primera planta en otra larga sala que se expandía, también, de un lado al otro de la vivienda".

Lo que fue el local del baile

En esta situación se comprobó que este emplazamiento a la par de que se quedaba pequeño no debía ser fácil en él la convivencia de una familia numerosa con un negocio de este tipo, casi sin distinción entre lo que era la vida familiar y la pública, así que se decidió en el año 1944 adquirir un huerto adyacente para construir de propio un nuevo salón. Curiosamente es a partir de este momento cuando se inicia el declive de esta actividad.

Estamos en los años sesenta del siglo pasado. Década de la explosión del flujo migratorio.

Cándido recuerda que el bullicio quedaba atrás cuando la luz se plegaba ante la oscuridad de la noche y que aquella calle que horas antes había sido transitada por casi la totalidad de los hombres y algunas de las mujeres del pueblo retomaba la normalidad ajena totalmente al ajetreo de horas antes.

Mozas y mozos de entre dieciséis y veinticinco años, solteros ellos y ellas, ya que los casados no bailaban, se esparcían por el pueblo en busca del descanso ante la impasible mirada del cartel “Café España” estático sito entre los balcones de la vivienda.

- "Escucha Conchi", -revelaba María- "en el baile no se solía consumir y había bancos de madera donde las mozas esperaban a que las sacaran a bailar".

- "A las mozas se las invitaba siempre", agrega Cándido.

Se solía hacer baile los domingos y festivos con dos sesiones cada día, la de tarde que iba desde la seis a las nueve horas y la de noche desde las diez a las doce horas aproximadamente.

A la sesión de tarde las mozas acudían por sí solas pero a la de noche tenían que ir los mozos a buscar a las chicas a sus casas y pedir permiso a los padres así que, como siempre, dependiendo de quién pedía el permiso se las dejaba ir o no, por ello a veces recurrían al subterfugio de que pidiera este permiso aquél a quien se sabía que no se le iba a negar aunque el interés por ella fuera el de otro.

En las discotecas y en las emisoras las voces y melodías de los grandes maestros fueron remplazadas por el sonido estridente, tecnológico y siempre igual, emitido por un sonido digital o por una que otra canción desechable pero al fin y al cabo comercial y el baile elegante y seductor fue remplazado por altos y rápidos saltos o por vulgares ajetreos.

Hoy por hoy a las discotecas no se va a bailar ni a escuchar la diversidad de ritmos originados del talento de los maestros musicales de ayer o de hoy, ahora a las discotecas se va a saltar, todos mirando a un mismo sitio y al ritmo por llamarlo de alguna manera del conocido, digital y tecnológico “PUN-PUN-PUN-PUN”.

El baile elegante y seductor ha sido substituido por los incontrolables saltos y por un buen par de riñones, sin importar la edad ya que en la disco todos tenemos que saltar horas y horas, sin descanso, sin pausas, todos saltando, sin seductores coqueteos, sin cambios de parejas (ya no hay parejas) sin intercambio de amables palabras.

Antes, diversos ritmos estaban a la disposición de los elegantes y tentadores bailadores: Vals, Polcas, Minuet, Pasodoble, Tango, Pericón, Rancheras, Jotas, Marchas Militares... Todos esperaban la vez para escuchar y poder bailar al ritmo de su predilección, a todos se complacía, sólo era cuestión de esperar el turno, turno que oscilaba entre los tres a cinco minutos que duraba al aire una canción y que, terminada ésta, daba tiempo para un pequeño descanso, tomar algo o para cambiar de pareja.

Perfecto escenario para que los bailadores exhibieran muy orgullosos sus mejores movimientos para escándalo de los veteranos que veían con malos ojos ese pretexto para el abrazo de las parejas.

Con el amanecer del nuevo siglo en aquel legendario “Baile” comenzaron a oírse aires nuevos en materia musical.

María Mayayo y Cándido Plano

A peseta o a dos según el año y la ocasión les costaba a los moces la entrada al salón del baile, a aquel salón diáfano con escenario que se alumbrada con carburos y teas y en la época en la que había suministro eléctrico del molino de la Onsella mediante una bombilla y ésta desde que la “echaban” hasta que se agotaba la fuerza del agua y dejaba de funcionar la turbina volviendo en ese momento a los carburos y las teas.

Horas antes, los mozos reunidos alrededor del morero, charlando un rato unos con otros a la salida de misa hacían planes para el vermú y los primeros escarceos para encandilar a las zagalas más bonitas que de seguro acudirían por sí solas a la plaza primero y al baile más tarde...

Al igual que en los suburbios de Buenos Aires llegó a Lobera el tango y, como no, lo que la "gente bien" asociaba al pecado, a lo turbio, a lo canalla.

En pocos años ese baile despreciado socialmente se trasladó a las orillas del Onsella al compás de algunos músicos inquietos y sobre todo al conjuro de una voz inigualable, como fue la de Gardel.

No sé si en esta villa, luego de trabajar en sus quehaceres diarios, los hombres iban al baile de corbata y riguroso traje, zapatos de charol y pañuelo asomado en el bolsillo del corazón y ellas, glamorosas, engalanadas con sus mejores ropas de fiesta, con sus vestidos de más prestigio.

Lo que si que sé es que en ambos casos se divertían y soñaban al compás de iguales motivos musicales.

Más tarde les invadió el ámbito platense, el furor del bolero que en esencia es nueva modalidad de bailar lento, apretados, arrullados con temas que remitían a los tópicos más románticos como años más tarde emocionaría Sergio Dalma con su “Bailar Pegados”.

Con toda seguridad hubo en Lobera muchos émulos de Fred Astaire y Ginger Rogers o de cantantes como Bing Crosby o Frank Sinatra o de Miguel Fleta o José Oto.

Las caras de chicos y chicas estaban más que radiantes. Mas luminosas que de costumbre como para que hicieran juego con los relucientes vestidos que llevaban tiempo esperando en el armario. Todos y todas hechos un primor.

Así que bien entrada la tarde, cuando el solazo de julio se escondía por el horizonte o el frío de enero empezaba a hacer de las suyas comenzaba el baile con orquesta de lujo compuesta en sus primeros tiempos por los hermanos Nereo y Félix Vives y en los más modernos por, los también hermanos, Máximo y Benito Mayayo Pérez o por Cándido y Pascual Plano acompañados, ocasionalmente, al acordeón de Agustín de Casa Puente, quienes hacían sonar sus instrumentos al aire interpretando principalmente jotas y canciones populares que se sabían de oídas o bien por los sones que surgían de aquellos discos de pizarra que giraban en la preciada gramola siempre manipulaban por los de casa.

Gramola

Por las noches sentados en el abrevadero o arremolinados junto al fuego de alguna chimenea escuchando chascarrillos que hacían destornillar de risa a todos los presentes cavilarían sobre quienes y como pasarían a buscar a las mozas a sus casas ya que por entonces era preciso “pedir permiso”.

Allí se conformaban las amistades que se habían ido afianzando a lo largo de un día tan repleto de emociones. Allí se veía a los más chicos escuchando a través de la entreabierta ventana las canciones que sonaban en el interior.

Canciones de los más diversos géneros guardados en los cuarenta y un discos que aún se conservan, tales como: Copla (Ay Maricrú), Couplet (Hace un mes que nos casamos, Ven, ven y ven), Chotis (Soy planchadora), Foxtrot (La quiero, Espere un momento), Habanera (Luisa Fernanda), Marcha Militar (La canción del legionario, El novio de la muerte. Orinamendi (Himno oficial tradicionalista, Antigua marcha de las Cortes de Navarra), Napolitana (Marechiare), Mazurca (Mazurka de las sombrillas), Orquesta (La garde d´honneur, Vieux camaradas), Pasacalles (El aldeano), Pasodoble/Pasodoble tanguillo (Diego de los Reyes, Alhucemas, Allá en el rancho grande, El pobre Valbuena, Serafín el pinturero, La gatita blanca, Domingo Ortega, Ay!Maribel, La taza de té, El niño de Jerez), Pericón (La Severina, Caballito volador), Ranchera (Mazamorra, Gloria Nacional) Tango (La peseta enferma, Muchachito lindo, La leyenda mora, Punto bravo, Quién tuviera 18 años, Valenciana (Canción) y Valls (L’estasi, Sueño de juventud, El Danubio Azul, El caballero de la rosa).

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Tras permanecer vinculado durante décadas a la familia el local se cerró pasando a formar parte de la vivienda.

Con los de Casa LaCirjuana y otros la gente de Lobera disfrutó “a tope” de las fiestas y los no menos esperados días que había baile.

Gran parte de lo que allí pasó quedó atrapado en sus muros, en su fachada y en las mentes de los que allí vivieron y por los que por allí pasaron.


¿Quién es quién?

¿Quién es quién?

De los que aparecen en la foto 417 del álbum de imágenes antiguas de la web de Lobera junto a Tomasa Vives, ¿son Manuel Pérez Mayayo y Eustaquio España Aguirre? ¿o ninguno de los dos? y ¿Podría ser Eustaquio España el que figura en la foto 410? Se pregunta Conchi.

Es entonces cuando cae en la cuenta de que esa fotografía que guarda en casa esconde misterios y, a su vez, le ofrece información muy valiosa.

Si la fotografiada es realmente Tomasa, por qué dudarlo, hay que fijarse poco para percatarse de lo evidente:

"Esa estampa, esa forma de posar ¿dónde la he visto yo alguna vez? Piensa, piensa" -se decía Conchi una y otra vez- "¡Ridiez!" -exclamó- "¡Si es un somatenista!". En efecto.

Su tío abuelo Máximo Mayayo Cardesa perteneció al Somaten Local de Lobera, a aquella milicia ciudadana que la dictadura de Primo de Rivera hizo extensiva a todo el país y derogada en 1931 por el gobierno de la República y que llegó a contabilizar 10.000 aragoneses en el instaurado, por el general Sanjurjo, Somatén Nacional de Aragón el 25 de septiembre de 1923.

A esta conclusión llegó Conchi al repasar las imágenes que se contienen en las fotos antiguas de la web de Lobera identificadas bajo los números 26, 75 y 77.

Fotos 26, 75 y 77 del álbum de fotografías antiguas de esta web

En la primera de ellas, si examinamos al tercero por la izquierda, segundas filas sentados, localizamos a Máximo Mayayo Cardesa con corbata a franjas diagonales blancas y oscuras y del mismo estilo que la que lleva en la imagen que acompaña a Tomasa (foto 417).

Así que, tal vez, una vez bendecido el Banderín se hicieron, al igual que hoy en día en bodas y bautizos, las propias instantáneas.

En la instantánea número 26 se dejan ver los componentes del Somaten Local y las numeradas 75 y 77, reflejan la ceremonia de bendición y entrega del Bandería cuya ceremonia, empleando el léxico de aquella época y para tal circunstancia, fue de la siguiente manera:

Una vez concluidos tales actos y en la misma plaza fue servida una buena comida en la que reinó gran alegría entre los comensales y, ya por la tarde, se organizó un buen baile en Casa LaCirjuana.

Respecto de la imagen número 410 únicamente se puede aventurar.

Imagen 410 del álbum de fotos antiguas de esta web

Conchi va identificando a todos los que aparecen en las fotografías que aportó a la web de Lobera de Onsella,a saber: Tomasa Vives y su segundo marido Manuel Pérez Mayayo, a la hija de éste Fermina Pérez Biel, a sus cuñados y cuñadas, a su abuelo Leoncio Mayayo Cardesa y a su padre Máximo Mayayo Pérez, entonces ¿quién puede ser el que aparece en la ante dicha instantánea número 410?

Si ni la madre de Conchi, ni sus tíos Cándido y María aciertan a decir nada y si, se supone que su padre Máximo y el hermano de éste, Benito, tampoco supieron ponerle nombre al soldadito.

Si se presume que en muchas conversaciones este militar salió a relucir en dispares ocasiones, no es descabellado afirmar que el único de los familiares que queda por identificar no pueda ser otro que Eustaquio, que, para más, falleció cuando todos los demás o no habían nacido o eran menores de edad.

Pero si observamos con más detenimiento la susodicha imagen observaremos que el retratado no es un soldado ni tampoco un general, porque de los que iban a la mili unos lo hacían de quintas  y los otros por familia.

En lo que primero que debemos fijarnos es en el mosquetón que porta y éste nos habla de un suboficial lo que concuerda con la premisa de que Eustaquio pertenecía a familia ilustrada.

Nada más podemos aportar sobre esta conjetura.


¿Punto y final?

La fase de recopilación de datos, el ensayo, los preparativos y el borrador final ya han terminado así que ahora llega el momento de la verdad, de exponer el trabajo.

Quizás en este momento sería preciso hacer un análisis sobre el resultado, nivel y rendimiento obtenido.

En más de una ocasión he hablado sobre lo importante que es mantener los compromisos y, amiga mía, me gustaría decirte que todo tiene su límite, que ya no hay más vuelta que darle al asunto, que simplemente se acabó.

Pero no. Lejos de pensar que se concluyó el presente artículo, que no queda nada más por escribir debo decir que, con ciertos avances, estamos casi como al principio.

Que se aprecian dudas razonables y relevantes referidas al matrimonio habido entre Eustaquio y Tomasa, que falta por concretar, a ciencia cierta, cuándo, cómo y por qué se casaron y si aquella viajó a Argentina o a Francia, el cuándo y el porqué de su ida y vuelta.

Más de uno pensará: Entonces ¿Que hay de verdad en todo lo leído? A lo que se le debe responder que todo, por que todo es cierto, con los siguientes dos matizaciones:

  1. La identificación de las imágenes cedidas por Conchi a la web de Lobera referidas a Eustaquio España y la del somatenista Máximo Mayayo posiblemente pueden conducir a error.
  2. La hipótesis plausible del viaje de Tomasa a Burdeos.

Ambas ilustraciones se pueden dar por válidas y para el supuesto de no ser así procedería a su rectificación inmediata.

Por último, como ya manifestó Conchi, nos gustaría que fueran/fueseis ustedes/vosotros lectores quienes ultimarais este escrito con vuestros apostillas acerca de lo que recordáis o lo que os refirieron.