Aquellos maravillosos años

Miércoles, 01 de Agosto de 2012 21:35 Ana Chaverri
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La primera vez que vine a Lobera tendría 2 o 3 meses. Fue en Semana Santa y supongo que el pueblo estaría lleno, como siempre en esas fechas.

Los primeros recuerdos que tengo son los de los juegos con mis amigos en la calle: haciendo café con agua y tierra, simulando ser profesoras y alumnas o descubriendo los alrededores del pueblo como si fuéramos exploradores. Ya, de más mayores, encorriéndonos y tirándonos piñazos con más o menos puntería y contando historias de miedo en las escaleras del Teleclub. Nunca olvidaré aquellas largas tardes esperando a que viniera el panadero o bañándonos en el pozo que cada año formaba la Onsella. Aquí fue también donde aprendí a montar en bici y, por supuesto, a jugar a pala.

¿La mejor época? Supongo que los años de las peñas. Primero, "Los pitufos", con sus refrescos, patatas fritas y la caja de Surtido Cuétara que ofrecíamos a los músicos cuando nos visitaban. Después, "El futuro", donde preparamos nuestras primeras garrafas de calimocho y aprendimos a hacer el vino según la receta transmitida por la peña de "los mayores". Por último, el "gaztetxe", con gente nueva y un acceso, digamos que complicado, que ponía a prueba nuestro sentido del equilibrio.

Aunque ahora parezca casi imposible creerlo, llegó a haber hasta diez peñas durante las fiestas. Era una maravilla poder pasar toda la noche yendo de una a otra, pero mejor era pertenecer a una y estar allí bailando, bebiendo y riendo con todos tus amigos, la gente de otras cuadrillas y los forasteros que venían, que siempre eran bien recibidos e invitados a vino. Esa hospitalidad era luego recompensada con la forma en que nos recibían en los otros pueblos del valle: desde Longás hasta Urriés, pasando por Isuerre y Navardún (nosotros no nos podemos quejar de que nos hayan tirado nunca piedras).

Tengo algunos amigos desde tan pequeña que es imposible saber cómo los hice, otros que aparecieron más tarde y en los últimos años hay una mezcla de cuadrillas que es imposible explicar a quien venga de fuera. También ha habido gente que ha "desaparecido", pero formará siempre parte de nuestros recuerdos, aunque haga mucho que no venga. A algunos de éstos los hemos podido "recuperar" gracias a los encuentros casuales o visitas relámpago al pueblo.

Desde aquella primera vez, he subido todos los años, unos más y otros menos, y sobre todo últimamente no tanto como me gustaría. He pasado aquí muchos fines de semana de invierno, semanas santas, sanjuanes y, sobre todo, veranos. He jugado, he saltado, he reído, he llorado, he bailado, he cantado, he pasado frío, calor... En definitiva, he vivido una parte muy importante de mi vida, que no hubiera sido lo mismo sin Lobera. Y espero no dejar de venir nunca.